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Curiosidades de los ibéricos

El proceso de curación del jamón y sus cuatro etapas clave

31 de agosto de 20265 min de lectura
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El sabor inconfundible del jamón es fruto de un proceso largo, milimétrico y delicado: la curación. Esta transformación artesanal es la responsable de convertir la carne fresca en una joya gastronómica llena de matices, aromas y una jugosidad única, un saber hacer ancestral estrechamente ligado a la historia del jamón y al origen de sus métodos de conservación.

A la hora de producir un jamón de primera calidad, no solo hay que prestar atención al cuidado y la crianza del cerdo, sino que también es necesario volcar la máxima precisión en el proceso de "cocinado" en el secadero. El tiempo invertido en la producción debe ser exactamente el necesario para garantizar un producto de excelencia. Ninguna pieza de calidad se hace de la noche a la mañana, por lo que a continuación detallamos las cuatro fases fundamentales del proceso de curación del jamón y los factores ambientales que requiere cada una.

La fase de salazón y su importancia en la conservación inicial

La salazón se trata de la primera etapa del proceso y, posiblemente, de una de las más determinantes, ya que de ella dependerá la estabilidad microbiológica y la calidad final de la pieza. Consiste en cubrir las piezas completamente con sal marina gorda y dejarlas reposar en cámaras frigoríficas a temperaturas muy bajas (entre 0ºC y 4ºC) y con una humedad relativa elevada (alrededor del 85ºC-90ºC).

Durante esta etapa, la sal penetra lentamente en la masa muscular deshidratando la pieza de forma natural, favoreciendo la conservación de la carne y desencadenando las reacciones químicas que darán lugar a sus aromas característicos. El tiempo de permanencia en salazón suele calcularse a razón aproximada de un día por cada kilo de peso de la pieza.

El lavado de las piezas para equilibrar el punto de sal

Una vez terminada la etapa de salazón, se procede a retirar el exceso de sal marina que se haya podido acumular en la superficie de la pata. Para ello, las piezas se lavan con agua templada a presión y con la ayuda de unos cepillos especiales que limpian el exterior sin dañar la corteza ni la grasa de cobertura.

Tras el lavado, el jamón pasa por una fase de asentamiento o postsalado que dura entre 35 y 60 días. En este periodo, la sal que ha penetrado en las capas superficiales se distribuye de manera homogénea por todo el interior del músculo, al tiempo que la pieza continúa eliminando agua de forma progresiva y ganando consistencia.

Secado y maduración: el ciclo de las cuatro estaciones

Llegados a este punto, las piezas son trasladadas a los secaderos. Lo que caracteriza la curación de nuestros jamones es un proceso natural en el que se simula de forma controlada el paso de las cuatro estaciones del año, permitiendo que la carne evolucione según la climatología:

Invierno: Comenzamos con temperaturas muy frías y una elevada humedad ambiental para, posteriormente, ir subiendo gradualmente la temperatura y reduciendo la humedad. Esta etapa de aclimatación se realiza durante un periodo de 5 a 6 meses.

Primavera: Las condiciones de temperatura ascienden y se estabilizan entre los 12ºC y los 18ºC durante un periodo de 7 a 8 meses, activando los procesos de fermentación natural de la carne.

Verano: Durante este periodo, las condiciones de temperatura alcanzan los 25ºC a 30ºC y la fase dura en torno a 1 mes. Este es el momento crucial en el que se produce la "sudación" de las grasas: el tocino se funde parcialmente y se redistribuye, impregnando las fibras musculares y aportando la jugosidad característica.

Otoño y bodega: Finalmente, el jamón se traslada a bodegas naturales en penumbra que cumplen unas condiciones ambientales estables de 12ºC a 14ºC y un 60% de humedad para que repose y madure. Es la fase más prolongada y es donde realmente el jamón adquiere sus matices aromáticos y su sabor definitivo. 

Proceso de secado del jamón
Proceso de secado y maduración del jamón

Factores y tiempos totales que determinan la curación perfecta

El tiempo de curación del jamón varía sustancialmente en función del peso de la pieza, su porcentaje de grasa infiltrada y el tipo de producto:

Jamón Serrano: Requiere periodos que van desde los 9 meses (Bodega) hasta superar los 15 meses en las categorías Gran Reserva.

Jamón Ibérico: Debido a la mayor densidad y grasa de la raza ibérica, necesita procesos de maduración en bodega mucho más lentos, que oscilan entre los 24 y más de 36 meses. 

Este complejo proceso tradicional es el que nosotros acercamos a tu mesa de la forma más sencilla y cómoda: en prácticos formatos loncheados envasados al vacío o en cajas maletín, ideales para que tú solo te preocupes del simple placer de saborear una loncha de jamón en su punto óptimo de curación.

Preguntas frecuentes sobre el proceso de curación del jamón

¿Por qué se añade sal al jamón si luego se lava con agua?

La sal cumple una doble función indispensable: actúa como conservante natural impidiendo el desarrollo de bacterias en la carne fresca y extrae la humedad interna de la pieza. El lavado posterior solo retira la sal de la corteza exterior para evitar que el producto quede excesivamente salado por fuera, permitiendo que la sal interna haga su trabajo.

¿Qué es exactamente la sudación del jamón durante el verano?

La sudación es el proceso mediante el cual las grasas insaturadas de la pieza se derriten parcialmente debido al aumento progresivo de la temperatura en los meses cálidos. Esta grasa líquida se filtra por las grietas internas y entre las fibras musculares del jamón, otorgándole esa textura melosa, ese brillo característico y un sabor mucho más suave.

¿Se pueden acelerar los tiempos de curación del jamón mediante procesos industriales?

Aunque se pueden usar cámaras climatizadas para acortar ligeramente los plazos, la maduración proteolítica y el desarrollo de aromas complejos no se pueden forzar artificialmente sin perder calidad. Respetar los tiempos de reposo en bodega es el único método para garantizar la textura y el sabor tradicional de un gran jamón.

¿Qué diferencia hay entre un secadero natural y una bodega de maduración?

El secadero es una instalación donde se controla la ventilación y la temperatura para lograr la deshidratación progresiva del jamón en sus primeras etapas. La bodega, por el contrario, es un espacio subterráneo o de condiciones muy estables y oscuras donde las piezas descansan durante meses o años para que los aromas se concentren y se asienten de forma pausada.


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